Valladolid: alta cocina en formato reducido

La ciudad de Valladolid se está posicionando firmemente dentro de lo mejor del panorama gastronómico nacional, y no solo por su tradicional asado sino también por los buenos restaurantes que están trabajando muy bien para llevar a la ciudad hacia una cocina de vanguardia, moderna y elegante, aunque sin perder sus raíces.

Tigretostón en Los Zagales de la Abadía

Tigretostón en Los Zagales de la Abadía

Pero hoy no vamos a hablar ni de asado ni de restaurantes. Hoy que en Madrid Fusión se ha galardonado a Villa Paramesa como el “Mejor GastroBar” de España, he decidido dedicar esta entrada a la experiencia del buen tapeo vallisoletano. ¿Nos vamos de tapas? ¡Vamos allá!

Las tapas

Se suele argumentar que el origen de la palabra tapa viene de la costumbre medieval de tapar las copas y vasos de vino en las tabernas y mesones con un trozo de pan o con una rebanada de jamón, para impedir que entrasen las moscas, o que se depositase polvo en el interior. Otras leyendas sitúan el origen del concepto en el plato de comida que se obligaba a servir en las tabernas con cada bebida para evitar que los carreteros salieran muy ebrios provocando frecuentes incidentes.

Sea como fuere, lo cierto es que este tipo de tradición consistente en acompañar la bebida de un pequeño bocado que mitigue los efectos del alcohol se ha convertido en una auténtica seña de identidad de muchas zonas de nuestro país, y en algunas de ellas (como Valladolid) son prácticamente un rito sagrado, y se están trabajando las tapas con una creatividad y una calidad que hacen que la bebida pase a un segundo plano, convirtiendo cada bocado en una obra de arte.

Buñuelo de manitas de lechazo en Villa Paramesa

Buñuelo de manitas de lechazo en Villa Paramesa

Además, el concepto de “tapeo” tiene otro componente más allá de comer, que es el de socializar. Los bares de tapas se llenan de gente que va a disfrutar de las mismas generalmente de pie, con unas risas y una buena conversación mientras se sostiene un buen vino de nuestra tierra castellana en una mano y la tapa en la otra, y cambiando de bar después de cada una de ellas, conformando un ritual mucho más informal que el de una comida o una cena tradicional.

¿Queréis que hagamos un recorrido por algunos de mis sitios de tapeo preferidos en Valladolid? Os voy a enseñar alguno de mis favoritos, que podréis recorrer a pie dado que están muy cerquita unos de otros, todos alrededor de la Plaza Mayor.

Villa Paramesa

Nuestro galardonado GastroBar es un reducido espacio dirigido por los hermanos Castrodeza donde cada uno de ellos es especialista en lo suyo pero entre los cuatro se encargan de todo. No dejan de definirlo como “un modesto taller de cocina” que refleja las inquietudes creativas que se aprecian en parte de la hostelería vallisoletana.

Reciente visita al equipo de Villa Paramesa

Selfie con el equipo de Villa Paramesa

El caso es que aquí se pueden probar algunas de las creaciones más arriesgadas, avanzadas, técnicamente perfectas, concebidas como bocados para tomar con las manos o pequeñas raciones de delicias con una esmerada presentación. ¿Qué tomamos? Cita obligada es el “K1”, Ganador del Concurso Provincial de Pinchos y Segundo Premio en el Nacional en 2014, y que consiste en ceviche de sardina, alga kombu y ajo negro presentado en una forma singular.

Pincho K1 en Villa Paramesa

Pincho K1 en Villa Paramesa

Otros de mis pinchos favoritos son el “Buñuelo de manitas de lechazo”, el sorprendente “chipirón con queso y trigueros” o el exquisito “socarrat con gambas”. Pero lo mejor es que os dejéis llevar y las probéis todas!

Los Zagales de la Abadía

Un mesón castellano clásico en Valladolid con un imponente Menú del Día (de lo mejor de la ciudad), que sin embargo esconde su mejor tesoro en forma de tapas. No en vano ha sido galardonado con muchos premios en concursos Nacionales e Internacionales, destacando por su creatividad y su vanguardista puesta en escena, con Toño y Javier González a la cabeza.

¿Qué probar aquí? Mi pincho favorito es el “Obama en la Casa Blanca”, que consiste en hojaldre con huevo de corral trufado a baja temperatura crema de champiñones y patatas quemadas, con una curiosa presentación.

Obama en la Casa Blanca, en Los Zagales de la Abadía

Obama en la Casa Blanca, en Los Zagales de la Abadía

Sin embargo, el Pincho más premiado y uno de los que más gusta es el “Tigretostón”, que se compone de pan negro, tostón, morcilla, cebolla roja confitada y crema de queso. Merecido ganador tapa nacional en el año 2010. No se pueden dejar sin probar otras creaciones como el “Mc Churro” (recreación de un menú de Mc Donalds pero con una riquísima hamburguesa de lechazo churro) o “La Bolsa del Pan” que supone un homenaje al bocadillo de calamares con salsa brava, o el “Jabón de Pato”, con una tremenda presentación que podéis ver en la foto.

Jabón de Pato en Los Zagales de la Abadía

Jabón de Pato en Los Zagales de la Abadía

¿Qué os parece?

Jero Una de las referencias de la cocina en miniatura en la ciudad, su barra repleta de pinchos es un canto a la mezcla de colores, de sabores, un homenaje a la cocina a pequeña escala, que serás afortunado si consigues probar abriendote un hueco en su generalmente abarrotado local. Un concepto de tapa diferente a los anteriores, quizás un peldaño por debajo en cuanto a técnica y creatividad, pero sorprendente por lo arriesgado de sus mezclas. La variedad de tapas es muy abundante y sus nombres imaginativos (Angelillo, Messi, Zapatero, rajao, Galáctico,…). Recomiendo pedir una tabla variada para poder probar varias de sus creaciones, las que el camarero elija en ese momento.

Plato de tapas variadas en el Jero

Plato de tapas variadas en el Jero

Don Bacalao

Con Alfonso García al frente, se trata de otro de los Restaurantes más típicos de Valladolid donde el buen comer está asegurado y está especialmente recomendado para los amantes del buen bacalao. Sin embargo, su incursión en el mundo de las tapas es brillante, y nos deja algunas creaciones que son absolutamente sorprendentes.

El “Bacatorri”, que sontorrijas de bacalao con pompas de miel, “La Montonera”, que fue Pincho ganador del Concurso provincial en 2011 y consistente en una bellota de boletus y jamón sobre migas de pan, la “Tentación”, que es un bombón de foie y anguila ahumada en su interior, cubierto de crocante de chocolate y polvo de oro, con chupito de manzana verde Granny Smith, que obtuvo el Pincho de Oro 2010.

La Montonera en Don Bacalao

La Montonera en Don Bacalao

La Experiencia

En definitiva, la experiencia de tapear por la ciudad de Valladolid es todo un mundo de sorpresas, de descubrimientos, de sensaciones, que os recomiendo con fervor. Aunque aquí he citado alguno de mis favoritos, basta con perderse por cualquiera de las calles aledañas a la Plaza Mayor para poder ir a caer en cualquier bar donde tapear va a resultar, seguro, una experiencia que merecerá la pena… la croqueta de El Corcho, la tosta de gambas o el tartar de solomillo a la pimienta de La Tasquita, las patatas de La Mejillonera, etc… no os dejarán indiferentes. Todo ello acompañado de los ricos caldos de la tierra,… que sin duda merecen capítulo aparte.

Os animo a venir a Valladolid. Y a que me lo contéis!

Para cualquier información o recomendación sobre esta ciudad, no dejéis de consultarme a través del blog o de mi twitter @castrovita

Gracias y un abrazo. Hasta pronto!

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Restaurante Villena

Hoy quiero presentaros el Restaurante Villena de Segovia que es, para mi, uno de los grandes descubrimientos de esta temporada. En una ubicación privilegiada recientemente estrenada, con nuevo chef a los mandos y como casi único hito verdaderamente destacable de la cocina creativa dentro de una ciudad tradicionalmente orientada al asado y a la restauración para el turismo, el Villena ofrece una propuesta muy interesante, equilibrada en cuanto a precio y sorprendente en cuánto a la ejecución y presentación de cada uno de los platos de su Menú.

Interior del Restaurante

Interior del Restaurante

 

La ubicación

Villena se ubica en el recientemente inaugurado Hotel Eurostars Capuchinos, en el centro noble de la ciudad y a escasos cinco minutos caminando de la Plaza Mayor y de la catedral segoviana. Este Hotel se ha convertido en un referente dentro de la oferta turística de la ciudad, dado que es el único hotel de 5 estrellas en dicha capital, pero sobre todo porque ocupa un antiguo Monasterio de los monjes Capuchinos, de más de 400 años de antigüedad, que ha sido restaurado con un refinamiento y un encanto singulares, que lo convierten en uno de los espacios más exclusivos de Castilla y León.

Una de las vistas del imponente edifio del Hotel Eurostars

Una de las vistas del imponente edicifio del Hotel

 

Repasando un poco la historia de este impresionante edificio, desde su construcción a comienzos del Siglo XVII fue utilizado como Convento hasta la desamortización de Mendizábal (1836), donde pasó a tener uso militar como cuartel y colegio de artillería. En 1929 volvió a tener uso religioso, siendo utilizado por las monjas Oblatas para tareas educativas.

 

El restaurante

Sobre el pórtico de entrada a la antigua Iglesia del monasterio, que es donde se encuentra el restaurante, los escudos nobiliarios en mármol blanco de D. Antonio Contreras y Dña. María de Amesquite, patronos cuyas aportaciones hicieron posible la construcción del edificio en la primera mitad del Siglo XVII, flanquean la imagen de San Buenaventura.

Una vez dentro, la más absoluta sobriedad en cuanto a decoración hace del espacio algo elegante, casi etéreo. Un blanco impoluto en paredes y bóveda solo roto por algún ornamento en piedra y por los arcos, también en piedra, de puertas y ventanas. Ni un solo cuadro. Ni un adorno superfluo.

Interior en blanco

Interior en blanco

Las mesas, a buena distancia unas de otras para preservar la intimidad, vestidas también con mantel blanco así como las sillas, tapizadas en blanco contrastando con el suelo de terrazo gris oscuro, casi negro, como las telas que cubren las mesas bajo los manteles. Cada una de dichas mesas está iluminada por una elegante lámpara de pie que proyecta luz directa sobre el centro de la mesa.

Cuidados detalles todos ellos que proporcionan al local una elegancia singular. Me llamó la atención muy positivamente. El sitio es verdaderamente acogedor desde el momento en el que entras en él.

 

El chef

El joven Chef Rubén Arnánz, segoviano, tuvo sus inicios en el Restaurante José María de Segovia y después ha desempeñado su tarea en algunos de los mejores restaurantes en Francia, Suiza y Reino Unido, unido en muchas ocasiones a la prestigiosa cadena Relais & Châteaux.

Tras su paso por el Kabuki Wellington (podéis leer la entrada de Gastrovita sobre este restaurante pinchando aquí) y por el Jardín de Orfila en Madrid, llega a este Restaurante Villena en este 2014 para tomar las riendas de un proyecto ambicioso que con el que situar este establecimiento a la cabeza de la alta cocina en Castilla y León.

Con el Chef Rubén Arnánz

Con el Chef Rubén Arnánz

La cocina de Arnánz mezcla con éxito respeto por el producto, tradición y vanguardia, así como una magnífica ejecución técnica, teniendo como resultado una cocina valiente, vibrante, viva, sofisticada, elegante y sorprendente.

El menú

Aunque tiene una breve carta, las principales propuestas son sus dos menús Degustación. El primero, llamado Colección otoño 2014 se basa en la tradición y el producto típico segovianos. Son 10 platos con un coste de 53 euros + IVA incluyendo una selección de vinos. El otro Menú, de 14 platos, asciende a 72 euros + IVA, y explora terrenos menos convencionales, primando la puesta en escena y el factor sorpresa en cada plato.

Nos decantamos por este segundo Menú, más amplio y más creativo.

Comenzamos con los primeros entrantes, de los que destacaríamos la creativa y elegante presentación, así como el juego de texturas y sabores en boca:

  • Navajas con soja y tamarindo
Las navajas

Las navajas

  • Rollitos de Cierva marinada

 

  • Trucha, con matices cítricos y caviar.
La trucha

La trucha

  • “Damas bravas”, patatas bravas sobre un tablero de damas culminadas con una salsa de ají amarillo y racoto.
Las bravas

Las bravas

A continuación una serie de platos donde destacar la calidad del producto y una gran ejecución:

  • Bola de hígado de pato con jugo acidulado
Hígado de pato

Hígado de pato

  • Endivia a la brasa con queso madurado y trufa. Aquí presentan la endibia recién sacada de la brasa y la pelan y preparan el plato allí mismo delante de los comensales. Un gran plato.
Las endivias

Las endivias

  • Castañas y coles en caldo corto del hueso de jamón, acompañado con grissinis de papada ibérica

 

  • Guiso de oreja y níscalos al aroma de sarmiento. Servido en la mesa bajo una campana que mantenía el intenso aroma al sarmiento, este guiso fuerte fue otro de los momentos álgidos de la cena.
Oreja y níscalos

Oreja y níscalos

 

El pescado:

  • Cocochas de merluza en muselina de té matcha y con alga nori.

 

Las cocochas

Las cocochas

La carne:

  • Jabalí al curry verde, con arroz seco y pamplinas. Precedido de una cuchara con una gotita de foie de jabalí y otra de membrillo.

 

Los postres:

  • Crema helada de DYC 8 con piñones tiernos.

 

  • Bola de yogur helado piña y coco
Bola de yogur helado

Bola de yogur helado

 

Acompañando a los cafés:

  • Florón dorado en oliva virgen con leche infusionada en espliego.

 

  • Yemas de huevo de codorniz curadas en azúcar.

 

Los vinos:

  • Verdejo “Cuatro rayas” de Rueda
  • Tinto Ribera de Duero con 6 meses en Barrica
  • Tokaji Aszú “Oremus” del año 2000 para los postres.

 

La experiencia

Cualquier restaurante que estuviera ubicado en un espacio tan singular como éste tendría mucho terreno ganado de partida. Pero sin embargo Rubén Arnánz y su equipo saben dar a sus platos el nivel suficiente como para que destaque la cocina por encima del espacio.

El local no tenía mucho público esa noche, así que no puedo valorar la calidad del servicio en situaciones de estrés o de mayor carga. Solo puedo decir que el trabajo de los camareros en nuestra mesa fue en todo momento muy correcto, profesional y sobrio.

El Menú fue muy equilibrado, completo, sorprendente en algunas fases pero siempre elegante y bien de ejecución. El precio, acorde a lo que se recibe. El ambiente, con música clásica de fondo acompañando muy suavemente (es el tipo de música más adecuado en un local de esas características). Como siempre, agradecí la presencia del Chef, que salió a saludar y con quien pudimos tener una agradable charla. Un tío cercano, de buen trato, ideas claras y apasionado de su oficio.

No he hecho mucha referencia a lo largo de este artículo al tema de los vinos, que los seguidores de Gastrovita sabéis que para mí es trascendental para que una experiencia gastronómica sea completa. Aquí el Menú Degustación incluye en el precio una selección de vinos. Fueron vinos normales, de andar por casa. Desde luego que por ese precio tampoco se puede pedir más, pero quizás se podría ofrecer un maridaje “Premium” que llevase un suplemento si fuese necesario, pero que permitiese explorar otros vinos, más variedad y propuestas más sorprendentes, acordes a la inmensa calidad y valentía de los platos que comimos.

En definitiva, y como valoración global, una experiencia sobresaliente la del Villena que sin duda recomiendo a todos los lectores y que yo mismo espero repetir pronto. Como decía al principio de esta entrada, uno de los grandes descubrimientos de esta temporada.